El chicle de Gabriela - Miriam López

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El chicle de la esperanza.

 

Hay veces que para entender lo que el autor nos transmite tenemos que saber cuáles han sido las razones por las que ha decidido contar esa historia, y que le ha llevado a interesarse por ella. 

chicle de gabriela

 

En “El chicle de Gabriela”, Miriam te lo explica todo desde el primer momento; así desde el principio encontramos una carta escrita por la madre de las dos niñas protagonistas (amiga de la autora) al curioso lector. Y ahí comienza la historia.

Estas dos niñas se ayudan la una a la otra como lo haría cualquier hermana o hermano que viera sufrir al suyo, porque si hay algo que intrínsecamente está relacionado con lo que significa ser un hermano eso es sin duda la complicidad.

Míriam López narra de forma desenfadada una historia basada en un hecho real consiguiendo que llegue a nuestro corazón. La autora murciana concede a las dos niñas un papel protagonista y así nos ha dado la oportunidad de conocer cómo en ocasiones cuando uno ve de cerca un problema es cuando más empatizamos con el otro. Parece que las cosas siempre le pasan a los demás, hasta que te toca a ti.

Gabriela, tiene una hermana mayor, se llama  Mª Dolores, a la que solo le funciona la mitad de su cabecita; ella tiene que hacer un gran esfuerzo para llegar a conseguir cosas que los demás hacemos sin pensar.

 Esto visto desde la perspectiva de un niño es totalmente diferente, porque, Gabriela, se pregunta, ‘¿qué le pasa a mi hermana que se cae tanto?’, y ella piensa que te piensa, da con el quid: ‘Eso es, le falta un chicle’. ‘¿Un chicle?’, le pregunta su madre. Y… sí, eso era lo que le faltaba.

Si ponemos un chicle en su piececito, pues ya está, se pegara y no caerá tanto, y eso es lo que hizo durante muchos días, comprar chicles con su abuelo, para ponerlos a la mañana siguiente en el piececito de su hermana.

Y le ayudó, vaya si le ayudó; tanto que dejo de caerse. 

Pero un día fue Gabriela la que se puso malita y tuvo que ir al hospital, le descubrieron que tenía un agujerito en su corazón, y ahí estaba Mª Dolores para darle al doctor un chicle con el que tapar ese agujerito.

La perspectiva de los niños nunca es la de los adultos (afortunadamente), porque a través de sus miradas y comportamientos podemos darnos cuenta de cómo conforme nos hacemos adultos lo fundamental lo sustituimos por lo material, hasta que nos topamos de frente con la realidad y todo lo que rodea a nuestro mundo pasa a segundo plano, tanto que volvemos a ver las cosas con la perspectiva más real, la de un niño, que aún no se ha malvado por la experiencia vital.

Esta preciosa historia esta ilustrada por un ilustrador también murciano, Álvaro Peña, y no podía haberlo hecho mejor. Las ilustraciones son divertidas y coloristas, como son estas dos niñas. Y como es la historia, por lo que creo que ha captado a la perfección lo que la autora quería transmitir con ella.

A los problemas que nos va deparando la vida hay que enfrentarse con optimismo, alegría y esperanza, y así será más fácil superarlos y afrontarlos y sobre todo compartirlos para que en este mundo todos seamos un poco más solidarios y empaticemos más con los problemas de los demás. Así haremos un mundo más justo, como el que están creando Gabriela y María Dolores.

  

Ana Sánchez

Publicado en la sección Libros de La Opinión de Murcia el 21 de mayo de 2016.

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