El hombre que pudo reinar - Nórdica libros

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Sed de aventura 

El vacío provoca el desasosiego en el ser humano. Una página en blanco parece un sinsentido que no deja de serlo hasta que alguien escribe, dibuja o traza un simple signo que rompe su desnudez. Los espacios vacios en un mapa parecen estar pidiendo que se rompa su desolación con la representación bidimensional de ríos, montañas o nombres de ciudades y países. A finales del siglo XIX todavía quedaban en los mapas vastos territorios inexplorados, casi vírgenes para los occidentales,  que espoleaban la curiosidad, la imaginación y el ansia de aventura de muchos exploradores, que buscaban llenar esos espacios, colmándose ellos a su vez de fama, riqueza o conocimientos. Los escritores, desde siempre, han aprovechado este deseo de aventura  y han creado, en ocasiones, magníficos relatos que han llenado tediosas tardes de veranos juveniles o insomnes noches de madurez, haciendo desaparecer el límite, si es que existe, entre literatura juvenil y de adultos.

hombre pudo reinar

“El hombre que pudo reinar” que Rudyard Kipling escribió en 1888 es una estupenda novela de aventuras. En ella se narran las peripecias de Peachy Carnehan y de Daniel Dravot dos intrigantes truhanes que se ganan la vida haciéndose pasar por periodistas, extorsionando a los mandatarios de los pequeños estados nativos de la India con la amenaza de airear sus peculiares sistemas de gobierno. Estos dos británicos, ex militares hartos de las penurias de la milicia, se encuentran con un verdadero periodista, el narrador y trasunto de  Kipling, al que cuentan sus verdaderas intenciones que no son otras que, con la única ayuda de su ingenio y unos cuantos rifles, someter a las tribus de Kafiristán y coronarse reyes de este enorme territorio agreste situado entre las fronteras de los actuales Pakistán y Afganistán.

Este argumento que podría parecer fantástico está inspirado en hechos reales. El aventurero norteamericano  Josiah Harlan se adentró a mitad del XIX en Afganistán, creó su propio reino en una remota región montañosa y  alcanzó el título de Príncipe de Ghor al igual que Sir James Brooke al que se le otorgó el título de Raja de Sarawak convirtiéndose en el primer blanco que ostentaba el título de rajá. Era una época en la que parecía que cualquier hombre, con ambición e ingenio,  podía elevarse por encima de sus circunstancias personales o su extracción social y alcanzar gloria y riquezas. Y ese es el objetivo de Carnehan y Dravot que, después de muchas peripecias, acaban convertidos en reyes y considerados dioses por unos súbditos a los que ellos ven como “casi ingleses” por su aspecto europeo, ya que se les presupone descendientes de soldados de Alejandro Magno. Pero Kipling no se dedica sólo a novelar la trayectoria de aquellos aventureros exitosos que ganaron un Imperio; en este caso sus personajes son perdedores pero también héroes incapaces de renunciar a  un sueño que se revela a todas luces desmesurado. En ellos se cumple perfectamente la frase de Eurípides que dice que “aquel al que los dioses quieren destruir primero lo vuelven loco”.

“El hombre que pudo reinar” es una novela corta pero tiene la virtud de atrapar a lector que queda subyugado por el carácter de sus protagonistas y con las descripciones de los paisajes y de las gentes de la India. Con unas pocas palabras el autor consigue que se sienta el calor del verano hindú, que se huela el aroma de las especias o se oiga el sonido de las calles abarrotadas de gente. Kipling, que nació en Bombay, sabía perfectamente de lo que hablaba.

La novela está ilustrada por Fernando Vicente, conocido pintor e ilustrador madrileño que consigue con su  representación de los personajes transmitir el carácter que el autor les confirió.

No se la pierdan si aún no la conocen.


 

Pedro García Camacho

Publicado en la sección Libros de La Opinión de Murcia el 12 de marzo de 2016.

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