La vuelta del torno - Asteroide

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Elogio de la ambigüedad. 

 

Los muertos se resisten a desaparecer. Podemos darles sepultura o esparcir sus cenizas pero permanecen en nuestra memoria en forma de fantasmas inquietantes y la más efectiva forma de exorcizarlos es recluirlos dentro de relatos. Su presencia en el folclore y en la literatura ha sido continua pero en el siglo XIX en Inglaterra se convierten en objeto de un género nuevo, las historias de fantasmas. Se trata de relatos breves en los que las acciones de los protagonistas fantasmales o sus consecuencias sobre los vivos constituyen la trama central de la historia. Es un género literario exigente; su intención es provocar el escalofrío y el horror en el lector y para ello es necesaria una gran habilidad tanto en la elección de la trama como en el manejo de las descripciones. Su calidad literaria está indiscutiblemente unida a la consecución de su objetivo último: provocar inquietud o miedo.

vuelta de tornoA este género pertenece “La vuelta de torno” de Henry James tradicionalmente conocida como “Otra vuelta de tuerca” y que ahora publica Libros del Asteroide en una nueva traducción que pretende ser la definitiva y la más fiel al estilo refinado y complejo de Henry James. Es una historia de fantasmas que, aún siguiendo las convenciones del género, se diferencia de ellas, entre otras cosas, por su extensión ya que es una novela corta  o lo que se conoce como nouvelle.

Escrita en 1898, en la edad de oro del género, se inicia con una reunión de amigos en torno a una chimenea dedicados a contarse historias de fantasmas. Uno de ellos, Douglas, propone leer el manuscrito de una historia real que le ha legado la protagonista de la misma, ya fallecida.

Se trata de las experiencias de una institutriz, de la que nunca se menciona el nombre, a la que el tío de dos jóvenes huérfanos, Miles y Flora, encarga su educación con la condición de que debe resolver ella misma cualquier problema que surja sin molestarle. Instalada en una mansión en el campo, rodeada de la riqueza de la casa y de la amabilidad e inteligencia de sus pupilos todo parece perfecto hasta que la presencia fantasmal de la anterior institutriz de los niños, la señorita Jessel, y de un criado que mantenía una relación con ella, Peter Quint, ambos muertos en extrañas circunstancias, desata la lucha de la institutriz por apartar a sus alumnos de la influencia malvada de los fantasmas.

El relato de Henry James es una obra maestra de la ambigüedad que el autor maneja de forma admirable. Al estar escrito en primera persona sólo tenemos la versión de la institutriz. De la existencia de los fantasmas, que en vida corrompieron la inocencia de los niños y que amenazan con seguir haciéndolo, la única prueba es su testimonio. El lector no tiene la certeza de que Miles y  Flora los perciban o se comuniquen con ellos y sabemos que el ama de llaves, la señora Grose, no los ve, aunque por influencia de la institutriz se vea inmersa en la atmósfera de miedo y aprensión. ¿Son los fantasmas reales o una invención de la mente perturbada de la institutriz? 

Con su manejo del ritmo narrativo James compone una obra poliédrica, de diferentes lecturas, que de forma sutil aborda temas como la represión sexual, la cerrada estructura de clases o el puritanismo de la época. Su naturaleza ambigua y su carácter abierto consiguen que una vez leída permanezca, como los fantasmas, presente en nuestra mente, dispuesta a desvelar otra nueva cara oculta del poliedro.

 

 

Pedro García

Publicado en la sección Libros de La Opinión de Murcia el 13 de febrero de 2016.

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