Alicia en el pais de las maravillas - Nórdica libros

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El cumpleaños de Alicia

 

En muchas ocasiones los caminos de una obra literaria son inescrutables y acaba siendo apreciada por un público y por unos valores que no son en absoluto en los que pensó el autor cuando la concibió. Ocurre a veces que lo que empieza siendo un simple divertimento acaba convirtiéndose en objeto de sesudos ensayos y de las interpretaciones más peregrinas que puedan imaginarse. Las grandes obras de fantasía difícilmente pueden escapar a todo tipo de interpretaciones simbólicas sean estas de carácter político, religioso o psicológico entre otras.


Este año Alicia en el País de las Maravillas cumple ciento cincuenta años y pese a todo sigue muy viva. El cuento  que Lewis Carroll escribió para su amiga Alice Liddell  se ha convertido en una de las obras más importantes de la literatura inglesa pero a pesar de las adaptaciones cinematográficas, musicales y artísticas en general, sigue siendo una obra bastante desconocida. Paradójicamente, un cuento pensado para niños ha sobrevivido por el interés que viene suscitando entre los adultos y por el hecho de haberse convertido, para algunos, en una obra de culto.

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 Pocos son los niños que disfrutan hoy de los libros de Alicia a no ser que cuando hablemos de Alicia en el País de las Maravillas nos refiramos  a las versiones reducidas y almibaradas que acompañan a los dibujos de Disney.  Pero por mucho que hayamos perdido las claves para entender   algunos juegos de palabras y expresiones  que encierra la obra, ya que muchos hacen referencia a chistes privados entre el autor y Alice Liddell,  el libro de Carroll es una novela destinada a lectores infantiles y como tal hay que leerla.


Como toda obra literaria Alicia es hija tanto del carácter de su autor como del de su época. Es  sobre todo una obra maestra del humor absurdo aunque  también satirice algunos aspectos de la época victoriana sobre todo los relacionados con la realeza y el comportamiento poco edificante de las clases altas británicas. Está llena de ingeniosos juegos de palabras y de acertijos verbales y matemáticos que componen una fantasía de desbordante imaginación.


Lo que llama la atención en Alicia en el País de las Maravillas es su falta del carácter aleccionador, de la  intención moralizante que tienen otros relatos para niños. Carroll es un hábil conocedor de lo que interesaba a un niño de su época y por eso las aventuras de Alicia están llenas de juegos, charadas y situaciones absurdas e incluso crueles; es esta falta de moraleja la que convierte a esta obra en perdurable y abierta a diferentes lectores y niveles de lectura.


Su autor Charles Lutwige Dogson (1832-1898), que publicó con el seudónimo de Lewis Carroll,  fue profesor de matemáticas en el Christ Church College de Oxford donde fue ordenado diácono de la Iglesia Anglicana. Aficionado a los juegos y problemas matemáticos era también un notable fotógrafo. Sus modelos eran fundamentalmente niñas y en sus fotografías pretendía plasmar la  inocencia perdida. Fue para una de esas niñas, Alice Liddell, hija una familia amiga, para quien escribió sus dos obras más famosas, Alicia en el País de las Maravillas y A través del espejo que se han convertido en obras clave de la literatura inglesa.
La desbordante imaginación, las situaciones extravagantes y el trasfondo un poco siniestro de la obra la  han convertido en un símbolo y como tal ha sido objeto de numerosos estudios e interpretaciones. Independientemente de la validez o del acierto de unos y otras, Alicia en el País de las Maravillas sigue siendo lo que siempre ha sido, un cuento delicioso donde cada uno encuentra lo que busca.

Pedro García

Publicado en la sección Libros de La Opinión de Murcia el 19 de diciembre de 2015.

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