La cata - Nórdica libros

pedro_garcia

 

La cata


Hay libros que trascienden la mera idea común de libro y se convierten en algo más. Algunos son objetos de arte, ediciones exclusivas solo al alcance de unos pocos con el interés de poseerlos y la capacidad de adquirirlos. Otros, mucho más asequibles, unen a la calidad del texto una cuidada edición que los convierte en pequeños objetos de deseo y en modesto ariete frente a la edición digital y la cultura pirata del “todo gratis”. A esta última categoría pertenece “La Cata” de Roald Dahl que publica Nórdica Libros.

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Roald Dahl (1916-1990) novelista y poeta conocido sobre todo por sus libros para niños escribió este breve relato en 1945; cuenta una cena que se desarrolla en una casa burguesa londinense y  a la que asisten seis personas. El anfitrión, Mike Schofield, es un agente de bolsa que se ha enriquecido rápidamente y que busca dotar a su nuevo status de una pátina de cultura y buen gusto. Su invitado más importante es Richard Pratt, un afamado gastrónomo que cuando hablaba de vinos “tenía la curiosa y peculiar costumbre de referirse a ellos como si fueran un ser vivo”. El deseo de impresionar del anfitrión le lleva a proponer a  Pratt pequeñas apuestas con el fin de adivinar el vino que se está sirviendo y que tienen como objeto, más que ganarlas, conseguir el reconocimiento y la aprobación de su invitado. Por medio del narrador, otro invitado a la cena, el autor  presenta a los personajes y los describe en unas pocas frases; a través de aquel nos convertimos en participantes en esa cena y, como el narrador sin nombre, asistimos como espectadores al duelo entre Pratt y Schofield.


El relato podría quedarse en una burla del esnobismo y de esa tendencia tan actual de convertir a la comida y a la bebida en temas de conversación y lucimiento; pero Dahl, tanto en sus libros infantiles como en sus relatos para adultos, suele ir más allá y en este caso el autor da otra vuelta de tuerca al argumento y convierte al relato en casi una pieza dramática en la que Pratt y Schofield se enfrentan mostrando los aspectos más oscuros de la naturaleza humana. El sorprendente final desdramatiza la situación; el duelo parece no haber tenido graves consecuencias pero se nos ha permitido vislumbrar el verdadero carácter de los personajes.


Este breve cuento da muestras del talento narrativo de Dahl; con un estilo llano, elegante y poco estridente, sin emitir juicios, el autor nos presenta un dilema moral que, al final, resuelve de manera brillante. A la originalidad del texto se añaden las ilustraciones de Iban Barrenetxea que lo complementan de manera espléndida. Como si se tratase de un escenario las ilustraciones empiezan y acaban con imágenes de la casa donde se desarrolla la acción, como ejerciendo la función de un telón; ente ambas, dibujos a doble página que muestran la sala donde se celebra la cena. Son ilustraciones detallistas, que respetan la naturaleza del texto y que tienen, como éste, un marcado carácter británico. El  espacio es siempre el mismo; la actitud de los comensales va cambiando. Barrenetxea nos va mostrando las diferentes emociones de los personajes en cada momento; solo el narrador permanece de espaldas al espectador. En el texto da cuenta de lo que va aconteciendo sin aparente emoción; en la ilustración observa de igual manera.  Casi podríamos seguir la acción del relato mirando solamente las imágenes. Relato e ilustración dan lugar a un libro exquisito que apetece releer y cuyas ilustraciones atraerán la mirada una y otra vez a la caza de detalles ocultos e inesperados.

Pedro García

Publicado en la sección Libros de La Opinión de Murcia el 21 de noviembre de 2015.

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